Numancia, vista de conjunto.

Con todo respeto: Adolph Schulten no encontró Numancia

 

Es muy posible que el historiador Adolph Schulten, alemán, historiador y dedicado con pasión a la arqueología, en realidad, no descubriera el verdadero yacimiento de Numancia. Al menos, esto se desprende del escrito de un enamorado de la arqueología, que responde a X.T.T. y  que tiene a su favor haber visitado innumerables yacimientos a lo largo y ancho de la Península Ibérica. Aquí damos su opinión crítica sobre el yacimiento de la histórica Numancia:

“Adolfo Schulten (Alemania, 1870-1960) era un funcionario al servicio de Prusia, que era la cabeza principal del imperio alemán del II Reich. A fin de comprender mejor su actuación primeramente vamos a analizar su entorno hacia el año 1905. Es la época de  esplendor de los imperios europeos: San Petersburgo muestra sus riquezas en el Hermitage, Londres presume ante el mundo con el inabarcable British Museum, París no se queda atrás con el Louvre, etc. En este entorno Berlín manda a sus hombres, con el historiador Adolfo Schulten a la cabeza, al desaparecido imperio hispano. Le encarga la misión, que Schulten cumplirá, de enviar a la metrópoli los hallazgos de valor rescatados. Eran piezas romanas, particularmente armas, y, si algo no le interesaba, lo entregaba al gobierno local. A Madrid sólo le importaba que un científico alemán certificara que aquello era Numancia, tal como hizo. Actualmente de todo este asunto sólo se habla con la boca pequeña, ya que su tesis resulta muy dudosa. Preciso es reseñar que las dos terceras partes de lo que afloró en el montículo de Garray eran viviendas romanas, de modo que lo que quedaba de más antiguo era bien poco.

Las prospecciones de Schulten en Numancia duraron ocho temporadas -en invierno no se excavaba debido al clima-  y resultó que no aparecía nada decisivo a la par que el dinero se iba agotando. Las obras eran financiadas por el Kaiser, el gobierno de Prusia i la universidad de Berlín. Schulten. A fin de recaudar más fondos, anunció al ministerio de Madrid que estaba a punto de encontrar la prueba definitiva, pero el ministerio prefirió gastar la subvención construyendo en el cerro de Garray un arco del triunfo por donde el rey Alfonso XII y supuestamente el Kaiser Guillermo inaugurarían el sagrado recinto celtíbero.

Entre que la prueba definitiva no era lo que parecía y que los colegas arqueólogos españoles no veían claro lo del asedio o sitio de Numancia como decía Schulten, puesto que donde él veía casernas militares, los demás sólo veían corrales para el ganado, etc. resultó que de las cuatro columnas proyectadas sólo se erigió una, visible aún hoy, y todo acabó como el rosario de la aurora. No obstante, Schulten se dedicó a dar conferencias y a escribir artículos y publicaciones especializadas para hablar de sus descubrimientos. Pienso -esto es de mi cosecha, mi opinión- que más bien lo hizo porque... ¿quién era el majo que le dijera al emperador Guillermo que se había gastado el dinero en vano? 

Entramos en el recinto, lleno de objetos extraños. Una imitación de muralla montada donde no tocaría, puesto que no tiene ni un rastro de cimientos que le podrían dar credibilidad, y una fila de troncos al estilo de los fuertes del Far West, también fuera de lugar son los elementos que ambientan la llegada, como un Port Aventura, tan sólo para decorar.

El museo consta de dos secciones, la celtíbera y la romana. Las piezas de la parte prerromana las considero ibéricas, como también claramente las monedas halladas. De Celtiberia sólo veo el nombre. En la parte romana, rellena de estelas de piedra con inscripciones latinas, ni una aparece que digaNumantia. En resumen, en la exposición nada que hable de celtíberos ni de numantinos.

En las afueras, ya en el yacimiento, me sorprende el recinto por pequeño. El yacimiento del Molí de l’Espígol (Lleida) es el doble. Nada de murallas, mientras que en el Espígol tienen dos metros de grosor, igual que en los Estincells de Verdú (Lleida). Numancia era la capital de los arévacos. No pude discernir si eran celtas o íberos, pero ¿aquí? ¿en medio de la nada? En Tárrega, por sus alrededores, encuentras los Estincells, el Espígol, Castell de Mor, Pla de les Tenalles, etc. todo ibérico, pero en Garray están solos, sin poblados alrededor. Ah, además, el campamento de Escipión se halla repartido por los montículos próximos a sólo unos mil metros del sitio ¿por qué? Asimismo nos aclaran que el vecindario posterior a la destrucción del poblado se llevó las piedras para construir sus casas. Más sorpresas todavía, porque miras alrededor y no hay vecinos. Definitivamente, no estoy en Numancia.

Me atrevería a decir con la debida cautela que el yacimiento de Numancia podría haber sido la capital de Sertorio por sus muchos hallazgos romanos, ya que el carismático caudillo, amigo de una cierva que no le abandonaba jamás, era un alto militar romano que se pasó a los celtíberos. Debido a sus continuas correrías entre la Lusitania y la Hispania Interior hubiera podido tener en las inmediaciones de Soria su centro de operaciones militares contra los romanos, a los que antes había servido, pero que ahora consideraba injustos invasores”.  

Hasta aquí la opinión de este ciudadano español,  que tantos yacimientos arqueológicos lleva visitados. Nadie se tendría que dar por ofendido porque la verdad no puede dañar a nadie, y aquí con mayor motivo ya que significaría que Numancia aún está por descubrir. Todo un reto apasionante, ahora que al cabo de 100 años puede darse por amortizado el primer hallazgo de Schulten y que nos aguarda una segunda parte llena de posibles sorpresas que dejarían en poca cosa todo lo que el historiador Adolfo Schulten, que no era arqueólogo diplomado, se llevó a Alemania, más de 12.000 piezas, si bien últimamente el gobierno alemán ha devuelto unas 400. Siempre apasiona más lo que está por descubrir que lo ya conocido. Hoy, al tiempo del Maps Google y del Earth Google, se hace posible localizar yacimientos desde el aire ocultos bajo tierra. Apliquémoslo, pues, a Numancia. El yacimiento actual era demasiado pequeño y desprotegido, como dice el texto anterior, para resistir a las legiones romanas durante veinte años (153 – 133 aC). En la fase final, el general Escipión Emiliano reunió 60.000 soldados para rendir a Numancia, le puso cerco durante 15 meses y les hizo morir de hambre, y los que quedaron con vida se suicidaron y unos pocos fueron vendidos como esclavos. En qué cabeza cabe que hiciera falta todo este despliegue militar para reducir una pequeña ciudad sin murallas y, además, prácticamente en el llano o poco más, y con una población cifrada tan sólo en unos 3.000 habitantes. Si nos atenemos al yacimiento, Numancia tampoco estaba rodeada por el Duero, sino por uno de sus afluentes, el Merdancho, de poco caudal.

En la actualidad sabemos que los poblados se erigían en lo alto de los cerros, particularmente los arévacos, como eran los numantinos. Por este motivo, la antigua Numancia arévaca tendría que ser buscada en lo alto de las sierras o de los cerros más próximos a Garray. Sabemos que estos cerros se distinguían por ser llanos en su parte superior y que semejaban la figura de un trapecio o barco invertido. Esta prospección aérea la brinda a todo el mundo el Maps Google u otros por el estilo, como el Earth Google. Primeramente, vemos que nos muestra vía satélite, al oeste del pueblo de Garray y del actual yacimiento, un terreno elevado improductivo, que parece haber sido el solar de un antiguo poblado. Después el mapa altimétrico nos muestra que se trata de un altiplano muy largo y estrecho, rodeado de precipicios por los cuatro lados y con una altitud siempre sostenida de 1.200 m sobre el nivel del mar y unos 150 sobre la altitud de las actuales poblaciones que lo rodean. Tiene una longitud de unos 28 km de este a oeste y una anchura escasa de más de 3 km. Su nombre lo retrata: Sierra Llana. Allí sería preciso buscar Numancia, particularmente en el extremo oriental, a unos 7 km  del yacimiento actual, si bien cabe señalar que por el otro extremo, ya muy lejano, de Sierra Llana,  el altiplano se parte en dos, concretamente en la localidad de Cabrejas. Se trata de la brecha de la Hoz que separa el altiplano mayor de otro menor a la vez mucho más inexpugnable con cierto aspecto de haber sido una ciudadela o fortaleza aparte. Sierra Llana va desde Fuentetova (fuente para lavar y ablandar la ropa, como el catalán estovar, ablandar, y de ahí su antiquísimo lavadero de piedra picada junto a la copiosa fuente) hasta Muriel Viejo. Todavía hoy se hace difícil ascender a Sierra Llana, sólo es posible por un camino al sur y otro al septentrión. Situada en el altiplano de Sierra Llana, aquella fortaleza arévaca era verdaderamente inexpugnable y hacía necesario el enorme despliegue militar del joven y carismático general romano Escipión. Numancia, situada en lo alto, no necesitaba murallas, se las proporcionaba la misma naturaleza con sus peñas verticales a cada lado de la sierra. Al mismo tiempo poseía tierras de cultivo en lo alto de la sierra, que les proporcionarían alimento durante los asedios y harían posible su subsistencia por largo tiempo. Aunque, eso sí, en invierno haría un frío horrible, habida cuenta del clima occidental de Soria y sus 1.200 m de altitud. Por eso los numantinos eran espartanos, sobrios y duros, en contraste con las blandengues tropas romanas que acampaban alrededor con sus tiendas, sin preocuparse por atacar jamás en serio la capital de los arévacos, entregados a las prostitutas que merodeaban por los alrededores, a los adivinos y al juego, que les quitaba buena parte de su soldada. El Senado Romano se escandalizaba al ver que Numancia resistía y derrotaba una y otra vez a las legiones romanas. Al final, avergonzados y cabreados, decidieron enviar a Hispania un gran general con tropas disciplinadas, que pondría fin a la famosa resistencia numantina. Habían transcurrido veinte años de la guerra de Numancia y, sin embargo, el Senado no quiso esperar ni dos meses más porque  se daba una circunstancia especial, casi absurda. El jovencísimo nuevo general, escogido para esta misión, no tenía aún la edad reglamentaria para el generalato y, en vez de hacer una excepción, avanzaron el comienzo del año, que era el 1 de marzo, al 1 de enero. Esta fue la gran trascendencia que tuvo Numancia en el mundo. Gracias a Numancia celebramos el inicio del año, la Nochevieja, en una fechas mucho más apropiada que si fuera para el 1 de marzo.

Continuando con la hipótesis de localizar Numancia en lo alto de Sierra Llana, aunque podría ser otra cercana a Soria, poco probable, digamos que de la capital de los arévacos (tal vez de los “aero-vacceos”, los vacceos del aire) quizás no quedase absolutamente nada, pues era costumbre de los pueblos antiguos castigar a las ciudades rebeldes con su total desaparición, incluso del mapa, como se ve en las tablas de Ptolomeo y tal como ocurrió pocos años antes con la Athanagia o Atanagrum de los ilergetes, año 218 aC, y que, según se ha dicho siempre, podría haber sido la actual villa de Sanaüja.

Podría ser que ahora tuviésemos dos Numancias pendientes de encontrar: la verdadera Numancia castellana, que nos guiña el ojo desde lo alto de Sierra Llana, y la Numancia catalana, o sea, Athanagia que lleva enterrada en Sanaüja desde hace casi exactamente 2240 años. Estamos en el 2022.

 

 

Sierra Llana, sobre la ciudad de Soria y cerca del yacimiento de Numancia, Los arévacos eran felices en lo alto de los montes. Así los numantinos.

Sierra Llana, de más de 20 km de longitud. Una fortaleza natural.

Sierra Llana, vista aérea por Maps Google, con la línea negra de los precipicios del norte. Abajo pasa el Duero.

Sierra Llana, extrañas estructuras en su superficie, a 8 km del yacimiento de Numancia, pero en lo alto de la sierra. Al oeste se puede observar el congosto que separa los dos altiplanos de Sierra Llana, por donde transcurre el río Cabrejas o Arroyo de la Hoz precisamente.

El cerro del fondo al sur de Numancia podría haber sido un poblado, Numancia u otro. cerca de Lubia.

Murallas de adorno de Numancia

Yacimiento de Numancia, ambientado.